La Educación se mama…por Araceli Flores de Alba

La Educación se mama…por Araceli Flores de Alba

Dice Antonio Escohotado, académico español, que un país es rico porque tiene educación.

Educación significa que tienes la oportunidad de robar y no lo haces; que aún en lo secreto, haces lo correcto; cuando cometes una falla en la calle, pides disculpas, cuando saludas cortesmente, cuando dices gracias por la atención recibida, das propina por el servicio recibido, ayudas a que seamos un mundo más justo, más armonioso, en búsqueda constante de la paz; que trabajas sin que te estén cuidando, cumpliendo con tus deberes dando lo mejor de ti. La educación es tener palabra y cumplirla cabalmente, es tener el suficiente conocimiento que nos permite poseer respeto ilimitado desde uno mismo y por los demás, es servir y ayudar al que necesita de mí sin esperar nada a cambio. Eso se aprende en casa, ser padres debería ser igual a ser educadores; es una responsabilidad intransferible, no negociable, para toda la vida.

Mamar es chupar, succionar; si la educación se mama, ésta se succiona, se chupa de la mamá y del papá, del ejemplo que ellos dan de sus palabras y sus acciones, de sus consejos puestos en práctica; escuchamos frases como: “hechos son amores y no buenas razones”, “de tal palo, tal astilla”, “el ejemplo no es la mejor manera de educar a un hijo, es la única”, mamar en sentido metafórico es ganar, sacar, aprender, descubrir y alcanzar.

Hoy, los valores humanos son considerados sensibles, frágiles y quebrantables por lo que es necesario atenderlos de forma inmediata.

¿Y el respeto?

Precisamente, el respeto, la gratitud, el servicio, la compasión, el esfuerzo, la integridad, el saludo a los demás, entre otros valores, están siendo cada vez, partes esenciales del ser humano en peligro de extinción.

En la actualidad, el ser humano se ubica en una línea muy delgada con relación a los valores, tan fácil es romper reglas, faltar a compromisos, decir mentiras, ser corruptos, ser mediocres, porque “no pasa nada”, aparentemente “nadie se da cuenta”; estamos tan cerca de la verdad, y a la vez, lejos de ella, que es sencillo hacer conciencia de lo correcto y actuar; y viceversa.

En el ámbito de la familia, es el lugar único de desarrollo total de la persona, es el pilar más importante de una persona; es el lugar cocreado para custodiar el amor verdadero, donde la coherencia tiene sentido; el amor del hogar, es un estabilizador irreemplazable en todas las áreas del ser. Es en el hogar donde se reprende a tiempo y se aprende a comunicarse para ser buena noticia para el mundo.

En España se dice “a medida del pucherete, es el caldete”; en México se dice “A medida de la olla, es el caldo”; la mamá y el papá lo que quieren para su hijo es que éste pueda construir un puchero, una olla grande y sólida, que tenga proyectos de vida grandes, ellos le dan todas las bases y las herramientas para que logre volar muy alto y llenar ese gran puchero, esa gran olla de cosas buenas, que le nutren, que le alimentan el alma, que ellos le inculcan una y otra vez con su vida entera, con cariño, con enmiendas a tiempo, con bondad, le traerán grandes satisfacciones y una vida llena de paz. Son los padres y con quienes se relacionan que hacen que un hijo sea o no íntegro.

Mamá y papá lo que quieren para su hijo, no es un puchero pequeño, que se llena con cualquier cosa, de manera conformista; mientras más grande es el puchero, más posibilidad tiene de creer y crear en grande; el conformismo lleva a la ociosidad, al camino cómodo que cómodamente invita a la perdición como el alcohol, las drogas, el sexo precoz, la pereza, convirtiéndose en mala noticia. Papá y mamá deben ser siempre unos guerreros, que le enseñan a su hijo enfrentarse al mundo con todo, que si cae, se levanta, que si pierde, lo intenta de nuevo, que todas las experiencias de vida nos ayudan a ser mejores personas, hay tanto que enseñar a un hijo y qué aprender de él…

A los hijos hay que amarlos, demostrárselo con palabras, cariños y hechos; escucharlos y aconsejarlos aunque no lo pidan, observarlos, acompañarlos y estar tan de cerca que podamos ser sus mejores guías y consejeros, pero a la vez tan lejos que podamos hacerles sentir seguros de sus propias decisiones.

¿Qué es la Ley del papalote?

Existe por ahí la ley del papalote, que la narro en un video de YouTube titulado “si te acomodas ya perdiste”, en donde el hilo que conecta al papalote es la mamá y el papá, el papalote es el hijo; el hilo, no lo soltamos, ayudamos a que el papalote vuele tan alto como sea posible, que sepa mantenerse arriba, aun la turbulencia y observarle, y que si cae, estar al pendiente y ayudar, pero no resolver, y arriba de nuevo; con mucho amor, hasta que llega el momento en el que el hijo ya puede llevar las riendas de su propio papalote.

Recuerdo que cuando mi hija estaba en el kínder, en un evento para las mamás, ella me dijo; “mamá atiéndeme ahorita que soy pequeña, para que no tengas que preocuparte cuando ya sea grande”.

Tengo presente también que cuando yo era pequeña, tenía solo siete años, fui a una fiesta donde había una rifa de varios regalos envueltos con su número; a mí como a todos los demás invitados, me dieron un número, el mío no correspondía a ninguno de los regalitos que estaban en una mesa; se me hizo muy fácil tomar una cajita y guardarla en mi chamarra, y al momento de la rifa, a la niña que le tocaba ese regalo, no lo pudo recibir.

La señora de la fiesta se mortificó muchísimo; yo llegando a casa, le dije a mi mamá que me había encontrado en la banqueta un collar con un dije de elefantito lleno de piedritas de colores, se lo enseñe y le conté una historia totalmente falsa. Una semana más tarde, la señora de la fiesta, reunió a las mamás de los niños que fuimos a la fiesta y se comentó el tema. Mi madre, me expresó que sintió tanta tristeza y vergüenza, que cuando llegó a casa me cuestionó sobre el collar y me obligó a decir la verdad, así como a ir personalmente a entregarlo y pedir disculpas a la señora por mi acción errónea.  Jamás lo olvidaré, ¡me moría de ignominia!  “a tiros y tirones” fui a pedir perdón; aprendí una gran lección: que robar no es bueno.

Los padres hoy debemos estudiar, leer y educarnos para ser los mejores educadores; no transferir nuestra obligación y responsabilidad, no dar por hecho las cosas, y si pensar que, nada ni nadie está perdido; necesitamos ser seres inspiradores para nuestros hijos que quizá mañana nos dirán que gracias a nosotros, nunca se rindieron; que nuestra mirada amorosa, cercana y alegre, ha sido un soporte de fortaleza y entusiasmo; que su carácter se ha forjado y saben decir si cuando es ”si” y “no” cuando es no, que no les convencen de cualquier cosa porque nuestros abrazos, nuestras palabras, nuestro ejemplo y nuestra responsabilidad activa, les ha dejado huella para una vida en búsqueda de la felicidad continua. Abracemos, honremos y escuchemos a nuestros hijos; abramos todos nuestros sentidos, mostrémosles la alegría de vivir para crear un mundo en plenitud.

Araceli Flores de Alba

Catedrática de la Universidad Autónoma

San Luis Potosí

México

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