Vocación y Soledad.

Vocación y Soledad.

Vocación y Soledad es un artículo escrito por nuestra alumna Soraya Sotomayor, hermana de Guardia Civil y muy concienciada con la problemática que este colectivo sufre desde hace ya tiempo.

Para ella es importante dar a conocer el “sentir” de algunos miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado para que el ciudadano medio sea consciente de qué sienten y piensan aquellos que llevan un uniforme por nuestras calles.

En la Escuela Internacional Naturopatía hemos elaborado un proyecto llamado Grupos de Crecimiento y Prosperidad Natural para dar soporte y herramientas útiles tanto a Guardias Civiles como Policías Nacionales y afrontar las incidencias de su labor mejorando su bienestar y calidad de vida.

Es un proyecto muy interesante y que promete. Pero sin más dilación procedemos a pasaros este fantástico relato escrito desde el corazón:

Vocación y Soledad.-

Ésta es la historia de Manuel y Pedro, dos pequeños cordobeses a los que una experiencia traumática les acabaría cambiando la vida.

Verano de 1994, los pequeños que tan solo contaban con diez añitos deciden hacer una salida al campo sin avisar a sus padres, lo que para estos aventureros iba a ser una excursión para explorar nuevos territorios acabaría siendo una experiencia que ambos nunca olvidarían.

Ya entrada la tarde Pedro sufre un accidente, el pequeño cae por una torrontera hiriéndose en una pierna, Manuel asustado intenta ayudar a su amigo, pero no puede, su primera reacción es la de salir corriendo para buscar ayuda, pero Pedro preso del miedo entre sollozos le pide que no le deje solo.

Pasan las horas y cae la noche, los padres al no llegar los niños a casa lo ponen en conocimiento de Policía Nacional y Guardia Civil.

El dispositivo se pone en marcha nada más amanecer, la preocupación se ve reflejada en la cara de los Policías y Guardias, no saben qué se van a encontrar y eso les preocupa. La búsqueda de un niño es una de las cosas que ellos jamás querrían hacer, la mayoría son padres.

Para Pedro la noche ha sido interminable, Manuel fruto del cansancio se ha quedado dormido, a lo lejos se oyen voces, parece que los están buscando. Pedro despierta a Manuel para que salga al encuentro de aquellas voces. Pero antes de que pudiera reaccionar, aún adormilado, ve dos figuras iluminadas por la luz del sol, Manuel le dice a Pedro: ¡¡¡son dos ANGELES!!!, aquellas dos figuras eran un Guardia Civil y un Policía Nacional, ambos habían trabajado codo con codo para encontrarlos.

La carita de admiración y agradecimiento de los niños lo decía todo. Aquel día nació en ambos una vocación inquebrantable, ser Guardia Civil y Policía Nacional.

Han pasado quince años y el sueño de aquellos chiquillos está por cumplirse. Todos sus esfuerzos han sido recompensados, cursaron sus estudios para ser unos servidores públicos bien preparados y hace unos días comenzó la carrera de fondo que tanto habían esperado, las pruebas de acceso a ambos cuerpos.

Días con los nervios a flor de piel y sentimientos encontrados, de competencia sana por ser el mejor, de charlas con sus futuros compañeros, ambos imaginan ser el binomio de un compañero y entre risas recrean situaciones de camaradería.

Y llega el día tan ansiado, se acercan al tablón donde ponen las listas, les falta el aire y las piernas se les aflojan, han dedicado muchas horas de trabajo y dedicación para conseguir su meta, buscan su nombre con la mano temblorosa y no lo encuentran, vuelven a revisar la lista y su nombre no está, en ese momento sus ojos se empañan de lágrimas, los compañeros los empujan mientras buscan su nombre a la vez que le preguntan: Manuel, Pedro estáis dentro? tío contesta!!! a este le ha comido la lengua el gato  -dicen entre risas, pero ellos están en una nube, su nombre no está, los aprobados NO están en la lista, el SUEÑO se ha cumplido.

De vuelta a casa solo piensan el uno en el otro, en cómo le habrá ido, y al encontrarse se funden en un abrazo diciéndose…me voy a Baeza, me voy a Ávila.

Los meses de preparación en la academia son duros, apenas hay tiempo para el ocio, pero eso no les importa, algunos compañeros abandonan la preparación y eso les apena, no todo el mundo puede ser Guardia Civil o Policía Nacional, hay que ser de una pasta especial.

En Baeza llega el día de la jura de bandera, Manuel está perfectamente uniformado, un manto negro cubre la explanada de la academia, son los miles de tricornios de los futuros Guardias, el calor y los nervios les juegan una mala pasada a algunos de los compañeros, caen redondos al suelo y tienen que ser llevados a enfermería, un respetuoso silencio inunda el ambiente que solo se rompe en el homenaje a los caídos, un momento solemne que emociona a todos los presentes.

En Ávila se celebra la jura de cargo, la preside el Rey, para Pedro es todo un honor, en primera fila está su mayor defensora, su madre, esa mirada de orgullo y amor quedará grabada en la retina de Pedro el resto de su vida.

Ha costado sudor y lágrimas, ya son Guardia Civil y Policía Nacional, tienen su primer destino…Manuel a Zaragoza y Pedro a Galicia.

Cada uno se dirige a su destino pensando en quien será su binomio, todo es perfecto. Aun así, no pueden evitar pensar lo lejos que están de Córdoba, pero su vocación es más fuerte que el miedo o la pena, ellos solo piensan en el servicio a los demás y en el bien que harán.

Pasa el tiempo y cada vez que regresan a su tierra la vuelta a su destino se hace más dura, en uno de los viajes a Córdoba conocen a las que serán sus parejas, pero ellas tiene su vida establecida en la capital, la posibilidad de vivir juntos por ahora es imposible, aun así apuestan por la relación a distancia y así forman una familia, como muchos Guardias Civiles y Policías Nacionales deciden establecer su hogar en su tierra, no le gusta tener a sus hijos de pueblo en pueblo. Para un Guardia y un Policía la familia es su pilar, es sagrada, lo primero es su bienestar aunque eso implique un desarraigo doloroso, y con éste los momentos perdidos, los primeros pasos, el primer diente que se cae, una noche mala porque el peque está malito, y papá no puede estar, y aunque su vocación sigue intacta, les pesa el no estar… ¡cómo les pesa!

A eso se le suma el comentario del típico ciudadano desagradecido que ante ésta situación solo se le ocurre decir: ¡¡¡pues que hubieran buscado otra profesión!!!!! pues claro que sí, pero si todos hiciéramos eso, ¿quién le protege a usted?

La falta de reconocimiento social por su labor indigna a Manuel y a Pedro, nada paga el riesgo diario, el impacto emocional que causa ver: accidentes, crímenes, desastres, el no poder ver crecer a sus hijos a diario, y todo esto por un sueldo normalito, esa es otra, la falta de incentivos económicos por la labor desempeñada.

¡¡¡Pero no te quejes que tienes un sueldo fijo!!! y ellos piensan… un sueldo en el que van implícitos muchos sacrificios que muy pocos están dispuestos a soportar, que solo son superados por otro aún peor, el ver como un compañero tira la toalla, y un día, sin esperarlo decide que su tiempo aquí ha acabado (el suicidio), porque esos sacrificios han podido con él.

Después de la dolorosa noticia, Manuel y Pedro se ponen su segunda piel, ese uniforme que un día decidieron honrar, y salen a patrullar con el nudo en la garganta, como si nada hubiera pasado. Para un Guardia y un Policía la debilidad está prohibida. Acabado el servicio de madrugada, Manuel y Pedro cuelgan su segunda piel para volver a la casa cuartel y a su piso de alquiler, los ANGELES también descansan, tras ellos queda la puerta de su habitación, con su vocación intacta, pero con una SOLEDAD muy pesada.

Soraya Sotomayor García

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